Lección de descubrimiento 15 – SANACIÓN DIVINA

para memorizar Versículo: «Confesaos vuestras faltas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho» (Santiago 5:16).

INTRODUCCIÓN: La mayor bendición que tenemos como hijos de Dios es ser sanados de nuestra enfermedad espiritual y recibir la promesa de la vida eterna. Pero también es maravilloso saber que Aquel que nos sana espiritualmente también puede sanar nuestras dolencias físicas.

Incluso una lectura superficial de los Evangelios revelará el importante papel que desempeñó la sanación física en el ministerio de Jesucristo. Al contemplar las grandes necesidades espirituales de las masas, no pudo evitar ver también sus necesidades físicas, y respondió sanándolas.

Adán y Eva fueron creados con buena salud, y Dios prometió que no habría enfermedades en su reino. Por ello, podemos concluir con seguridad que no es la voluntad de Dios que sus hijos estén enfermos.

¿Cuáles son, entonces, los requisitos para la sanidad divina? En Mateo 17 encontramos el relato de un hombre que llevó a su hijo a los discípulos para que lo sanaran, pero no pudieron. Cuando Jesús llegó, los reprendió y los llamó una generación infiel. Jesús procedió entonces a sanarlo. Sus discípulos le preguntaron por qué no podían sanarlo. Observemos la respuesta de Jesús: «Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: «Pásate de aquí allá»; y se pasará; y nada os será imposible» (Mateo 17:20).

Estos versículos evidencian que la fe es un requisito fundamental para la sanidad divina. Juan 15 añade otro requisito para el éxito. Si queremos lograr grandes cosas para Dios, debemos tener una relación estrecha con Jesucristo. Debemos permanecer en él y sus palabras deben permanecer en nosotros, pues sin él nada podemos hacer. Pero con él podemos pedir lo que queramos y él lo hará.

Hay varias cosas que pueden impedir que nuestra oración de sanación sea respondida. Entre ellas se encuentran la falta de fe, la desobediencia (Naamán tuvo que sumergirse en el Jordán, el ciego tuvo que lavarse en el estanque de Siloé, etc.) y la falta de fe en quienes observaban (Jesús no pudo hacer milagros en su ciudad natal debido a la incredulidad [Marcos 6:1-6]).

El apóstol Santiago exhorta a los enfermos a llamar a los ancianos para que oren por ellos y les promete que serán sanados. Observe cómo relaciona la enfermedad y la sanidad con el pecado y el perdón. ¿Acaso dice que nuestra enfermedad puede ser resultado de nuestro pecado y que la sanidad espiritual debe acompañar a la sanidad física? ¿Por qué vincula la confesión de nuestras faltas con nuestra sanidad? Es evidente que no toda enfermedad es resultado del pecado personal, pero Santiago lo indica hasta tal punto que debemos considerar seriamente la relación entre la enfermedad y el pecado personal.

PREGUNTAS DE LA LECCIÓN

  1. ¿Qué promesa se les dio a los discípulos en la Gran Comisión? Marcos 16:18. ¿Es la sanidad divina uno de los dones del Espíritu? 1 Corintios 12:9, 28.
  2. ¿Quién es la fuente de este poder sanador? Éxodo 15:26.
  3. ¿Existía la sanidad divina bajo el Antiguo Pacto? 2 Reyes 20:1-7; 2 Reyes 5:10-15.
  4. ¿Fue una parte importante del ministerio de Jesús? Mateo 4:23.
  5. ¿Tenían los apóstoles el don de sanidad en la iglesia primitiva? Hechos 5:12-16. ¿Tenían este poder antes del día de Pentecostés? Mateo 10:1, 8.
  6. ¿Es importante que quien sana tenga fe? Mateo 9:27-30.
  7. ¿Puede la incredulidad de quienes observan obstaculizar la sanidad divina? Marcos 6:1-6; Marcos 5:38-42.
  8. ¿Qué instrucción da Santiago a los enfermos? Santiago 5:14.
  9. ¿Qué bendición adicional se promete? Santiago 5:15 [última parte]. ¿Qué más se nos exhorta a hacer? Santiago 5:16
  10. ¿Hay oraciones de sanación que podrían no ser respondidas, aunque quienes las sufren sean justos? 2 Corintios 12:7-10. ¿Por qué? 2 Corintios 12:7.