Domingo: La Gloria de Cristo — Mateo 17:1-5; Marcos 9:2-8; Lucas 9:28-31
El Cristo transfigurado no era un reflejo de la gloria de Dios; la gloria de Dios estaba dentro de Él. La palabra «transfigurado» proviene del griego «metamorphoomai», que significa transformar. Algo que se transforma lo hace por sí mismo (como una oruga que se convierte en mariposa), no es forzado por un poder externo. La naturaleza misma de Dios provenía del interior de Jesús. Él se estaba revelando tal como era en realidad. No era algo que tuviera que serle dado en el monte. La gloria era algo que Él ya poseía, no algo que le fue otorgado. En cierto sentido, mostró su verdadera naturaleza celestial; todo lo demás que hizo en la tierra estaba enmascarado.
Lunes: Pedro, Santiago y Juan — Mateo 17:6-9; Marcos 9:2-8; Lucas 9:32-36.
Pedro, Santiago y Juan eran el círculo íntimo de los discípulos de Jesús. En muchas ocasiones, tuvieron el privilegio de vivir experiencias a las que los demás discípulos no tuvieron acceso. Pedro fue el único discípulo que caminó sobre el agua. Santiago y Juan eran tan cercanos a Jesús que su madre pidió que se les permitiera sentarse a su lado en el Reino. Los tres también fueron apartados de los demás discípulos en Getsemaní. En este pasaje, a los tres hombres se les permitió contemplar la gloria de Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios.
Martes: El Nuevo Elías — Mateo 17:10-13; Marcos 9:9-13
Los discípulos entendieron claramente que Jesús se refería a Juan el Bautista, quien profetizó la llegada del Mesías. Jesús comenta que, así como Elías restauró los conceptos correctos sobre Dios en la antigüedad, Juan el Bautista también restauraría la concepción judía del Mesías, quien era Emanuel (Dios con nosotros). Los judíos de la época de Jesús rechazaban la afirmación de que Jesús era el Mesías porque decían que el «nuevo Elías» aún no había llegado. Aquí Jesús refuta esa discusión, declarando que Juan era verdaderamente el nuevo Elías.
Miércoles: Un niño es sanado — Mateo 17:14-18; Marcos 9:14-27; Lucas 9:37-43
Lo más impactante de esta historia es que los discípulos parecían incapaces de resolver el problema. Jesús los llamó incrédulos, diciendo que eran igual de capaces. Nosotros mismos no podemos sanar personalmente, pero Dios sí. Él ha dispuesto que la fe sea el catalizador de la necesidad. ¿Sana Dios el 100% de las veces? No. Oramos con fe, pero sabemos que Él es soberano y que puede que no sane en todas las situaciones.
Jueves: Oración y ayuno — Mateo 17:19-21; Marcos 9:28-29
Mucha gente piensa que la iglesia tiene que convocar una reunión de oración de una semana antes de poder abordar un problema difícil. Pero Jesús dijo: «Este tipo de demonio sale con oración y ayuno», y sin embargo, lo expulsó inmediatamente. Debemos estar igual de preparados para afrontar cualquier situación. La oración y el ayuno deben ser una disciplina en nuestras vidas, un estilo de vida, que nos mantenga siempre conectados con Dios.
Viernes: Predicciones — Mateo 17:22-23; Marcos 9:30-32; Lucas 9:44-45
Cuanto más se acercaba su muerte, más a menudo Jesús hablaba con sus discípulos acerca de lo que estaba por venir, preparándolos para el dolor y los desafíos que les esperaban. Estaban profundamente afligidos, ¡pero no tanto como para dejar de lado su disputa sobre quién de ellos era el más importante!
Sábado: El pago del impuesto del templo — Mateo 17:24-27
El impuesto del templo era una ofrenda voluntaria. Jesús aprobó el pago del impuesto y lo hizo porque no quería ofender a los líderes religiosos. También podemos ver que Dios puede proveer —incluso milagrosamente— para nuestras necesidades financieras, así como para nuestras necesidades espirituales.