Domingo: Recoger el grano — Mateo 12:1-2; Marcos 2:23-24; Lucas 6:1-2
La ley permitía a quienes viajaban por una zona recoger suficiente grano para una comida ligera (Deuteronomio 23:25), que es precisamente lo que hacían los discípulos. ¿De qué se quejaban entonces los fariseos? Los fariseos se habían erigido como autoridades religiosas, creando leyes detalladas sobre lo que se podía o no se podía hacer en sábado. La «ley rabínica» especificaba que recoger las espigas en sábado era «cosecha» y estaba prohibido hacerlo, incluso para uso personal.
Lunes: El rey David y el pan de la proposición — Mateo 12:3-6; Marcos 2:25-26; Lucas 6:3-4
En respuesta a la acusación de los fariseos, Jesús les recordó primero el modelo bíblico: la necesidad humana es más importante que el ritual ceremonial. Citó un ejemplo que conocían bien, el de David comiendo pan consagrado. El punto de Jesús era que, aunque lo que David hizo era contrario a la ley mosaica, no fue condenado por ello. Luego les recordó que, técnicamente, eran culpables de quebrantar el sábado debido a todo el trabajo que realizaban ese día, pero eran inocentes debido al trabajo específico que estaban haciendo.
Martes: Señor del sábado — Mateo 12:7-8; Marcos 2:27-28; Lucas 6:5
A primera vista, los fariseos cuestionaron a Jesús sobre cómo debía observarse el sábado. Jesús señaló que el sábado fue hecho para satisfacer las necesidades humanas y que las necesidades de los discípulos se estaban satisfaciendo al recoger espigas, a pesar de ser sábado. Pero el principal problema que los fariseos plantearon a Jesús no era cómo debía observarse la ley del sábado, sino quién tenía la autoridad para interpretarla. Jesús sabía que los fariseos en realidad estaban cuestionando su autoridad para dar permiso a sus discípulos para recoger espigas en sábado. La explicación de la verdad de Jesús —que Él era el Señor del sábado— les habría parecido una blasfemia.
Miércoles: ¿Es lícito? — Mateo 12:9-10; Marcos 3:1-2; Lucas 6:6-7
Los fariseos esperaban específicamente ver si Jesús quebrantaría el sábado sanando a un hombre. Habían esperado que lo sanara porque sabían que Él tenía poder de Dios. Jesús les preguntó si era mejor hacer el bien, pero ellos guardaron silencio. Tenían conocimiento del poder que Jesús tenía, pero ese conocimiento no los acercó a comprender verdaderamente quién era Jesús.
Jueves: El valor del hombre — Mateo 12:11-12; Marcos 3:3-4; Lucas 6:8-9
Jesús se enojó porque sus corazones estaban tan endurecidos que no podían ver las necesidades de la humanidad a su alrededor: estaban demasiado concentrados en atrapar a Jesús porque se atrevió a cuestionar su autoridad. Esta era una oportunidad perfecta para que mostraran compasión. En cambio, demostraron su hipocresía al mostrar mayor preocupación por sus tradiciones que por un hombre necesitado. ¿Acaso nuestras tradiciones entran en conflicto con el corazón de Dios?
Viernes: Sanación en sábado — Mateo 12:13; Marcos 3:5; Lucas 6:10
Parece increíble que los líderes religiosos se preocuparan más por lo que constituye quebrantar el sábado que por reconocer el bien mayor. Los fariseos se negaron a mostrar preocupación, pero Jesús tuvo compasión del hombre y lo sanó. Cuando Jesús le ordenó que extendiera la mano, el hombre debió sorprenderse, preguntándose cómo podría hacerlo: ¡su mano estaba seca! Pero con una simple respuesta de fe, el hombre hizo el esfuerzo y sanó.
Sábado: Una respuesta «religiosa» — Mateo 12:14; Marcos 3:6; Lucas 6:11
Cuando Jesús sanó al hombre de la mano paralizada, puso en marcha una conspiración contra Él. Los enemigos hacen extrañas alianzas. Aunque los fariseos y los herodianos se odiaban, se unieron para hacer frente a su amenaza común: Jesús.