El Sermón del Monte Pt. 2 – Lección 2: La Oración – Parte 1

«Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis, y os será hecho.» —Juan 15:5, 7

Lectura bíblica: Mateo 6:5-8; Lucas 18:9-14

Introducción:

Dios se preocupa profundamente por nuestras acciones, pero también por la condición de nuestro corazón. Una de las maneras en que podemos saber dónde está nuestro corazón es mediante nuestra vida de oración. Cuando somos personas de oración, nuestro corazón está en sintonía con Dios.

Si no somos personas de oración, sabemos que nuestro corazón está lejos de Dios. Además, nuestra disposición a crecer y cambiar se evidencia en nuestra vida de oración; si no cambiamos, nuestra vida de oración es inexistente o está completamente desorientada.

La forma en que nuestros problemas de oración afloran en nuestra interacción con los demás también puede ser reveladora. Con demasiada frecuencia, estamos dispuestos a orar con un amigo enfermo, pedir la bendición de la comida o dar la oración final de la iglesia, pero nos negamos a desarrollar la disciplina de la oración privada y personal. Al igual que los fariseos a quienes Cristo reprendió con tanta frecuencia, estamos dispuestos a orar delante de otros, pero no a establecer una relación con Aquel a quien oramos.

La distinción entre la oración pública y privada se aclara en Mateo 6:5-8. Cristo nos instruye a renunciar a las recompensas humanas y a entrar en sus recompensas eternas comunicándonos con Él en nuestro aposento. Cuando nadie más sabe que estamos orando, es prácticamente imposible que nos reconozcan.

Cristo no condenó la oración pública. Al contrario, Cristo mismo oró mientras otros podían verlo (Juan 11:41-42). Lo que sí condenó fue el espectáculo público y la vana repetición de los fariseos. Nosotros también debemos cuidar que nuestra vida de oración sea sincera y no busque la aprobación pública.

Preguntas de la lección:

  1. «Cuando oréis» comienza Mateo 6:5-7. ¿Acaso Jesús asumió que sus discípulos serían personas de oración? Juan 15:1-5; Mateo 26:40-41; Lucas 21:36; Filipenses 4:6-7; Efesios 1:15-16.
  2. ¿Cómo podemos ser como los fariseos hipócritas en nuestra vida de oración? Lucas 18:9-14; Mateo 23:14b; Santiago 4:1-3; Números 22:1-6 (véase el versículo 6).
  3. Mateo 6:6 dice que Dios responderá nuestras oraciones si se le presentan en secreto. ¿Qué otras condiciones deben cumplirse al orar? Juan 15:7; 1 Juan 3:22; 5:14-15; 1 Timoteo 2:8; 2 Crónicas 7:14; Jeremías 29:13; Marcos 11:24; Santiago 5:16.
  4. ¿La frase “entra en tu aposento” en Mateo 6:6 enseña un aislamiento absoluto para la oración o se refiere a nuestra actitud y motivación hacia la oración pública? Hechos 1:14; Hechos 12:12; 21:5.
  5. ¿Por qué es necesario el aislamiento frecuente para una oración eficaz? Marcos 6:31; Lucas 5:15-16; 6:12-13; Hechos 10:9-16.
  6. ¿Es aceptable la repetición en la oración? 2 Corintios 12:8; Génesis 18:23-33; 2 Samuel 12:15-17; 2 Tesalonicenses 5:17; Lucas 18:1-7.
  7. ¿Por qué pedirle algo a Dios si Él ya sabe lo que necesitamos? 1 Corintios 3:7-10; Deuteronomio 9:13-20; Lucas 11:9-10; Job 1:5, 8-10; Judas 1:20.

Aplicación de vida:

Dedica de tres a cuatro momentos separados para orar en soledad durante un período prolongado. Pídele al Señor que te revele las áreas de tu vida de oración que necesitan ser transformadas o que son hipócritas o egoístas. Además, comprométete a dedicar momentos específicos a la oración con otros cristianos en tu escuela sabática o iglesia. Pídele a Dios que te revele cómo puedes mejorar la oración en grupo en tu vida.