Heridos por nuestras transgresiones – Devocional diario – Lección 12

Domingo – Sin pesca: Juan 21:1-3
Jesús se apareció de nuevo a siete de sus discípulos en el mar de Tiberíades (o mar de Galilea). No se sabe con certeza qué les pasaba, pero Pedro se sintió atraído por el oficio que conocía bien: la pesca. Podríamos suponer que no sabían muy bien qué hacer, y Jesús no los condenó por su actividad. Sin embargo, su intento tampoco tuvo éxito, a pesar de haber echado las redes al mar toda la noche. Quizás recordaron otro día en que habían pescado mucho y con ahínco sin éxito (véase Lucas 5:4-7).

Lunes – Una multitud de peces: Juan 21:4-6.
Se podría exagerar este suceso forzando la analogía; sin embargo, el hecho de que el único cambio que hicieron fue mover las redes al lado opuesto de la barca es significativo, sobre todo porque la cantidad de peces que capturaron era tan grande que casi se hundieron. Así, es Cristo quien nos capacita para ser "pescadores de hombres". Podemos quedarnos con las manos vacías si confiamos únicamente en nuestros propios programas de evangelización y no lo suficiente en la dirección de nuestro Señor y la guía del Espíritu Santo.

Martes – Sentados a la mesa para ser alimentados: Juan 21:7-14
Observamos que Jesús era desconocido para los discípulos cuando, desde lejos, les indicó que echaran las redes al lado derecho de la barca. Juan fue el primero en reconocerlo y avisó a los demás. La reacción de Simón Pedro fue notable. (¿Se imaginan que Pedro recordaba la noche en que bajó de la barca y caminó sobre el agua hacia Jesús?) Una vez más, Jesús servía a sus discípulos como anfitrión de la comida. Con la comida lista, los llamó de su larga jornada de pesca y comieron con Jesús por segunda vez desde su resurrección. Hay algo profundamente enriquecedor en sentarse a cenar juntos y compartir una comida, y debemos suponer que, a lo largo de sus vidas, estos hombres recordarían este momento de comunión tan especial y distendido.

Miércoles – ¿Me amas? ¡Apacienta mis ovejas!: Juan 21:15-17
Lo que impulsó a Jesús a interrogar a Pedro con tanta insistencia probablemente se debió al importante liderazgo que tendría en la iglesia, y también a su audacia. Para seguir el llamado de Cristo, Pedro necesitaría mantenerse comprometido y leal. Con este fin, las dos primeras veces que Jesús hizo la pregunta, usó la palabra "agapaō", que significa amor supremo o perfecto. En respuesta, Pedro usó la palabra "phileō", que significa "amistad profunda". (La tercera vez, Jesús también usó phileō). Otro cambio significativo de palabra está en el versículo 16, cuando Jesús dijo que "cuidaran" (poimainō) las ovejas, no solo que las "alimentaran" (boskō).

Jueves – Profecía del martirio de Pedro: Juan 21:18-19
Era costumbre romana poner el cuello de los que iban a ser crucificados en un yugo, extenderles las manos y sujetarlas al extremo del mismo; y después de haberlos llevado así por la ciudad, los llevaban para ser crucificados. Profetizando el martirio de Pedro, Jesús afirmó que su muerte glorificaría a Dios.

Viernes – ¿Y Juan?: Juan 21:20-23
Pedro está más preocupado por los acontecimientos que por los deberes que Cristo le encomendó y, una vez más, demuestra su distracción al preguntar por el destino de Juan. ¡Qué debilidad humana la de entrometernos en los asuntos ajenos y descuidar los nuestros! La respuesta de Jesús a Pedro es directa y podría resumirse así: «Pedro, ocúpate de tus propios asuntos».

Sábado – La culminación del Evangelio de Juan: Juan 21:24-25
Este testimonio escrito de Juan fue el de un hombre de carácter veraz, pero centra nuestra atención en el hecho de que solo se había registrado una minúscula cantidad de las obras y discursos de Jesús. Se habrían necesitado tantos escritos para registrar todo lo que Jesús logró, que el apóstol ni siquiera puede calcular su número. La vida de Jesús fue tan profunda y tan eficaz, que incluso los cuatro evangelios juntos se quedan cortos para ofrecer un relato completo.