Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. – 1 Juan 1:9
Lectura bíblica: Daniel 9:1-19
Introducción
Mientras que el libro de las lamentaciones de Jeremías se centraba en el dolor y la opresión que sufrieron Judá durante el asedio y la destrucción de Jerusalén, la oración de Daniel, en el capítulo 9, se centra en la necesidad de Judá de un cambio interior. Daniel clama por el perdón de Dios y suplica la ayuda del Todopoderoso para restaurar la obediencia y la santidad en Judá.
Esta oración de confesión muestra la sinceridad del profeta hacia el pecado de Judá. Admite abiertamente que Judá está exiliada en Babilonia debido a su rebelión contra Dios. Daniel también reconoce la integridad de Dios al traer el juicio sobre su pueblo. De la confesión de Daniel debemos aprender que el Señor es un Dios misericordioso, ¡pero habla en serio!
Respecto al misterio de la naturaleza de Dios, Pablo enseñó a la Iglesia de Roma: «Consideren, pues, la bondad y la severidad de Dios: severidad para con los que cayeron, pero bondad para con ustedes, si permanecen en su bondad. De lo contrario, también ustedes serán excluidos. Y ellos también, si no permanecen en la incredulidad, serán injertados, porque Dios tiene poder para injertarlos de nuevo» (Romanos 11:22-23). Sí, Dios es un Dios bueno y misericordioso, pero también es un Dios santo, y no puede comprometer su propia naturaleza perfecta con el pecado. El pecado y la desobediencia conllevan las consecuencias de la separación y la muerte. Asimismo, hoy se nos advierte: «Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió su justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?» (Hebreos 2:2-3). Para ser salvos, debemos confesar y abandonar el pecado. Esto solo podemos hacerlo con la ayuda de Dios, pero ¿acaso no es esta su promesa?
Preguntas de la lección
- ¿Qué importancia tiene la declaración inicial de Daniel para su oración de confesión? Daniel 9:3-4; 2:20; Mateo 6:9-10.
- Describe las partes específicas de la confesión de pecado de Daniel. Daniel 9:5-6, 10-11a.
- ¿Qué les había acarreado la infidelidad de Judá, según Daniel? (Daniel 9:7-8). Nota: Es una experiencia vergonzosa y humillante que nuestros pecados sean descubiertos. Muchos lamentan que sus pecados hayan sido revelados, pero no se arrepienten de ellos. Arrepentirse del pecado también significa abandonarlo y volverse a la justicia con la ayuda de Dios.
- ¿Qué admitió con tristeza el profeta que fue consecuencia de la rebelión de Judá? Daniel 9:11-12; Lamentaciones 2:13; Deuteronomio 28:15, 36-37, 45-46. Nota: En toda confesión sincera, es necesario aceptar la responsabilidad por las consecuencias del pecado que nos han sobrevenido. No debemos culpar a Dios ni enojarnos con Él cuando nuestra rebelión produce calamidad.
- ¿Cuál fue la actitud resultante de quienes recibieron un juicio severo? Daniel 9:13-14; Isaías 9:13.
- Tras confesar su pecado y los pecados de Judá, ¿qué suplicó Daniel? Daniel 9:15-19.
- ¿Cómo afecta nuestro pecado nuestra relación con Dios? Isaías 59:1-2, 12-15; 64:7.
- ¿Qué les sucede a quienes no confiesan sus pecados? Proverbios 28:13; Salmo 32:8-10; 1 Juan 1:8-10; Romanos 6:16, 23.
Aplicación de la vida
Las enfermedades a menudo pueden estar relacionadas con el pecado. El apóstol Santiago lo señala en Santiago 5:13-16. Aquí se nos instruye a “confesar nuestras faltas” (mejor traducido como transgresiones o pecados) unos a otros para ser sanados. En tiempos de Jesús, la idea de que la enfermedad siempre era un juicio por el pecado en la vida de alguien se llevó al extremo: todo enfermo era criticado como pecador. Esto era erróneo. Sin embargo, la Biblia también enseña que cierta sanación solo puede lograrse después de haber confesado y arrepentido de nuestros pecados. Al buscar la sanación, es importante considerar esto.