Porque la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Juan 1:17
Lectura bíblica: Gálatas 5:1-15
Versículo para memorizar: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8-9
Introducción:
En estos estudios hemos dicho que la ley de los Diez Mandamientos es un espejo que nos lleva a reconocer la incapacidad de nuestros propios esfuerzos para vivir según la perfección que Dios espera.
Hemos estudiado esa ley y aprendido su complejidad y los altos estándares que Dios espera de su pueblo. Estos se describen en tan solo diez mandamientos sencillos. ¿Podemos vivir un solo día sin transgredirlos? ¿Somos honestos al hablar y no decimos medias verdades para protegernos? ¿Envidiamos las posesiones de nuestro prójimo? ¿Nos estamos poniendo a nosotros mismos y a nuestros proyectos en el centro del universo en lugar de a Dios? Obedecer en todas estas áreas es imposible por nuestros propios esfuerzos, y esa es la clave para comprender el Evangelio.
Nuestro medio de justicia siempre ha sido por gracia mediante la fe. En el Nuevo Pacto, no estamos bajo una nueva dispensación, como algunos argumentan. La justicia fue por gracia mediante la fe para Abraham y Moisés. Entonces, como ahora, la salvación por gracia produjo en los corazones el deseo y la fuerza para obedecer la ley de Dios (Génesis 26:5). En lugar de ser la ley una escalera para ascender a un nivel superior, es el espejo que nos enseña nuestra necesidad de un redentor.
Así, al dar un paso de fe, somos justificados por la gracia que hemos recibido de Dios por medio de Jesucristo. Esto nos da una nueva identidad y da inicio a nuestro caminar cristiano. De ahí aprendemos a vivir en obediencia a sus leyes. El Espíritu de Dios vive en nuestros corazones, nos santifica y nos enseña a crecer en obediencia a él y a su ley perfecta. A medida que crecemos en la fe, somos guiados a una confianza cada vez mayor en nuestro Dios Todopoderoso. Esta santificación no se logra solo con nuestros esfuerzos, sino con la ayuda de Dios.
Estamos llamados a la libertad. La libertad de amar a Dios y, mediante el amor, servirnos unos a otros. Esta libertad nos libera del castigo de la ley descrita en Deuteronomio. Pero no es libertad de los mandamientos de la ley de los Diez Mandamientos.
Preguntas de la lección:
- ¿Pudo Jesús cumplir la ley a la perfección? Hebreos 4:15. ¿Qué significa esto para nosotros? Hebreos 10:19-23
- ¿Quién es considerado pecador y necesitado de justificación, y por qué medios somos justificados? Romanos 3:23-24; Efesios 2:8-9; 1 Juan 1:8
- ¿Cómo fueron justificados de sus pecados Abraham y otros que vivieron antes de Jesús? Romanos 4:1-3, 9-10, 16
- ¿Cuál es el papel de la fe en la justificación? Romanos 1:16-17; Hebreos 11:6; Judas 1:3
- ¿Qué papel desempeña la ley en nuestra justificación? Romanos 7:7
- Habiendo sido justificados, ¿qué significa crecer en santificación? Efesios 2:10; 4:14-16
- ¿Qué significa la «ley perfecta de la libertad» ? Santiago 1:22-25; Gálatas 5:13-14
- ¿Tenemos libertad, cuando vivimos bajo la gracia, para violar la ley? Romanos 6:14-23
- Ahora que has pasado por estas lecciones, tómate un momento para reflexionar sobre lo que motiva tu obediencia a los mandamientos.