Domingo: La curación del ciego — Juan 9:1-7
En tiempos de Jesús, muchas personas creían que la enfermedad era causada por el pecado. Un dicho rabínico de la época afirmaba: «Sin pecado no hay muerte, ni sufrimiento sin iniquidad». Conociendo esta filosofía, los discípulos querían saber de quién era la culpa de que un hombre hubiera nacido ciego. Jesús respondió que no era culpa de nadie, sino que el hombre era ciego para que Dios fuera glorificado. Este pasaje demuestra que intentar determinar la causa del sufrimiento puede ser inútil. En lugar de buscar culpables, debemos observar cómo se manifiesta el amor y la misericordia de Dios en esas circunstancias.
Lunes: Reacción de los vecinos — Juan 9:8-12
Las personas que conocían al ciego de nacimiento se asombraron del milagro. Sabían que este hombre había sido ciego de verdad. Habían sido testigos de su enfermedad. Ahora se habían convertido en testigos de su transformación. Inmediatamente quisieron saber dónde estaba el hombre, quién podría haber hecho tal cosa. Aunque la curación reveló a Jesús como el Mesías, ni siquiera el hombre sanado pareció comprender del todo el significado de lo sucedido.
Martes: Pregunta de los fariseos — Juan 9:13-17; Lucas 13:10-17
Al sanar al hombre, Jesús quebrantó varias normas del sábado. Sanó a un hombre que no corría peligro de muerte. Amasó tierra hasta convertirla en arcilla. Pintó los ojos del hombre con la arcilla y le indicó que caminara hasta el estanque de Siloé, que estaba a más de 1000 yardas de distancia. Todas estas acciones violaban las leyes rabínicas del sábado. Esto enfureció a los fariseos, pero Jesús sabía que no comprendían que Él era el Señor del sábado.
Miércoles: Padres temen persecución — Juan 9:18-23
Los fariseos rechazaron la afirmación de que Jesús era un profeta y decidieron investigar. Llamaron a los padres. Estos confirmaron que su hijo había nacido ciego, pero se negaron a comentar cómo había recuperado la vista. Les dijeron a los fariseos que fueran a preguntarle ellos mismos. Los padres comprendieron que se les pedía algo más que la simple explicación de la curación de su hijo y no estaban dispuestos a arriesgar su reputación para defender a Jesús.
Jueves: Confesión de fe — Juan 9:24-34
Los fariseos estaban desconcertados y le pidieron al hombre que repitiera su testimonio. El milagro indicaba que Jesús debía ser enviado por Dios, ya que tenía el poder de sanar. Sin embargo, se habían quebrantado las leyes del sábado. El hombre testificó que el milagro jamás podría haber ocurrido si Dios no estuviera detrás de él. Su confesión demostró que en su corazón había hecho un compromiso de fe con Jesucristo, y sus palabras proclamaron esa fe.
Viernes: Jesús se identifica — Juan 9:35-38
Jesús buscó al hombre y lo invitó a creer en el Hijo de Dios. El hombre respondió de inmediato con fe: «Señor, creo». El crecimiento espiritual del hombre sanado muestra la progresión básica de un discípulo maduro. Pasó de un simple conocimiento de Jesús a comprender que el poder de Jesús debía provenir de Dios, hasta llegar a la plena convicción de que Jesús era el Hijo de Dios.
Sábado: Ceguera espiritual — Juan 9:39-41
Jesús usó esta curación de ceguera física para contrastar la ceguera espiritual de los fariseos. Jesús dijo que su presencia traía la luz del juicio y que, en algunos casos, esa luz trae salvación. Pero donde los corazones están endurecidos, rechazan la luz.