Domingo: La hipocresía del juicio condenatorio — Mateo 7:1-5; Lucas 6:37-42
Todo cristiano debe ejercer un «juicio sano» sobre los demás. ¿De qué otra manera podríamos abstenernos de «echarnuestras perlas a los cerdos» o rechazar a los falsos profetas? (Mateo 7:6, 15-23). Esta advertencia es contra el espíritu de condenación, que se manifiesta al: (1) juzgar en situaciones que no nos conciernen; (2) juzgar por prejuicios, no por principios; (3) juzgar por la personalidad, no por principios; (4) juzgar sin conocer todos los hechos; (5) juzgar sin tratar de comprender; y (6) la falta de voluntad para perdonar. El juicio final pertenece a Dios.
Lunes: ¿Perlas a los cerdos? — Mateo 7:6
Puede sonar duro comparar a las personas con perros y cerdos, pero debemos recordar la terrible mancha del pecado en sus vidas. Debemos predicar el evangelio, pero nuestra evangelización no debe ser mecánica ni indiscriminada, pues de lo contrario desperdiciamos tiempo, energía y recursos. Cada persona es diferente, y debemos comprender los distintos tipos de personas con las que nos encontraremos; Herodes y Pilato no pueden ser tratados de la misma manera. Debemos ser cuidadosos con la verdad que presentamos y con la forma en que la presentamos. Es un desperdicio hablar con un incrédulo sobre cualquier aspecto de la verdad que no sean los fundamentos de la salvación.
Martes: Pedid, buscad, llamad — Mateo 7:7-12; Lucas 6:31
Este aspecto de la enseñanza de Jesús debería recordarnos la primera Bienaventuranza: «Bienaventurados los pobres de espíritu» (Mateo 5:3). Solo cuando conozcamos la profundidad de nuestra propia bancarrota personal pediremos, buscaremos y llamaremos. Solo cuando comprendamos nuestra desesperación por la presencia de Dios en nuestras vidas mostraremos persistencia, perseverancia e insistencia. En segundo lugar, sabemos que Dios es nuestro Padre, y Él es el único a quien buscamos. Dejamos de lado a todos los demás. ¿Por qué? Él es el único Fiel, y sus dones son los únicos que satisfacen plenamente. Incluso nos concede el precioso Espíritu Santo cuando se lo pedimos. Pedro lo resumió: «Su poder divino nos ha dado todo lo que necesitamos para la vida y la piedad» (2 Pedro 1:3).
Miércoles: Puerta Ancha y Camino Angosto (RV) — Mateo 7:13-14
El camino del caminar cristiano es angosto. Pero también lo es la puerta que conduce a la vida cristiana. La puerta de la que habló Jesús no es la del juicio final, sino la que nos introduce inicialmente en el camino de la salvación. Es angosta; limita. Mucha predicación actual no refleja esto, dando a menudo la impresión de que la vida cristiana es fácil. El camino es angosto y estrecho de principio a fin. Debemos dejar atrás la vida anterior. Primero, debemos dejar atrás el mundo. No hay lugar para el mundo ni para sus costumbres. Dios sacó a Israel de Egipto, pero fue mucho más difícil sacar a Egipto de Israel. Para dejar atrás las costumbres del mundo, debemos dejar atrás el «yo». Debemos ser como Cristo. (Véase Gálatas 2:20).
Jueves: Conocidos por sus frutos — Mateo 7:15-20
Se ven bien, suenan bien, parecen genuinos. Son carismáticos. Tienen buen carácter. Solo podemos reconocer al falso profeta por su mensaje y lo que produce. Predica leche, no doctrina sólida. No predica la puerta estrecha y el camino angosto, ni proclama todos los atributos de Dios, limitando generalmente el mensaje al amor. No se indigna contra el pecado. Habla sentimentalmente de la cruz de Cristo, pero no comprende su verdadera profundidad.
Viernes: El árbol y el fruto — Mateo 7:21-23; Lucas 6:43-45
Jesús describió las cualidades de los renacidos espiritualmente en las Bienaventuranzas. Muchos pensarán que sus creencias o piedad los salvarán («Señor, Señor…»), o que sus manifestaciones de dones espirituales (profetizar, expulsar demonios) los salvarán, o confiarán en sus buenas obras. Como dijo Jesús: «Es necesario nacer de nuevo» (Juan 3:7).
Sábado: Los sabios y los insensatos — Mateo 7:24-27; Lucas 6:46-49.
Una historia sencilla. Dos hombres con el mismo deseo. Construyeron casas idénticas. La gran diferencia radicaba en los cimientos, y eso lo cambió todo.