Domingo: Juan bautiza a Jesús — Mateo 3:13-17; Lucas 3:21-23; Marcos 1:9-11
Hay tres aspectos significativos del bautismo de Jesús. Al abrir los cielos, Dios declaró públicamente que el bautismo de Jesús no era una muestra de arrepentimiento, sino una identificación con los pecadores y algo agradable al Padre. Cuando el Espíritu descendió sobre Jesús como una paloma, toda la divinidad se reveló en ese momento. Y cuando Dios, su Padre, habló desde el cielo, todos los que presenciaron el evento supieron que Jesús no era un hombre cualquiera siendo bautizado, sino que era el Hijo de Dios.
Lunes: Tentación en el desierto n.° 1 — Mateo 4:1-11; Marcos 1:12-13
Todos enfrentamos tentaciones, pero la de Jesús fue más severa y enfrentó todo tipo de tentaciones que la humanidad enfrenta. La primera tentación que venció fue la concupiscencia de la carne (Mateo 4:3-4); la segunda, el orgullo (Mateo 4:5-7). Y la tercera, la concupiscencia de los ojos (Mateo 4:8-11). Jesús no necesitaba ser tentado en el desierto para crecer espiritualmente. En cambio, soportó la tentación por la misma razón por la que fue bautizado: para identificarse con nosotros (Hebreos 2:18; 4:15). Además, su victoria sobre la tentación demostró su carácter santo e impecable.
Martes: Tentación en el desierto n.° 2 — Lucas 4:1-13
La primera tentación que enfrentó Jesús fue en el área de las necesidades físicas. Había estado ayunando durante 40 días, y Lucas registra que tenía hambre. De hecho, era probable que en su cuerpo físico Jesús estuviera comenzando a morir de hambre. Jesús pudo haber tenido hambre física, pero estaba lleno del Espíritu. ¡Qué contraste con nosotros! Solemos ser justo lo contrario: con el estómago lleno y el espíritu vacío. Jesús responde con las Escrituras para combatir la tentación de Satanás. No recurrió a ningún superpoder, sino que usó el mismo recurso que tenemos a nuestra disposición, mostrándonos que cuando nos enfrentamos a la tentación, podemos acudir a la Palabra de Dios para encontrar el poder para vencerla.
Miércoles: La autoidentificación de Juan — Juan 1:19-28
El Evangelio de Juan enfatiza el papel de Juan como testigo. La referencia a la «correa de la sandalia» alude al lavamiento de pies. Era deber del esclavo de menor rango en la casa desatar las sandalias de los invitados para preparar el lavamiento de pies. Juan se sentía aún más inferior que el más humilde en relación con el Mesías, el Rey de Reyes. ¡Qué significativo sería que el Hijo de Dios lavara más tarde los pies de sus discípulos!
Jueves: Identificando al Hijo de Dios — Juan 1:29-34
Juan identifica a Jesús como el Cordero de Dios. Justo cuando comenzaba su ministerio, Jesús es recibido con palabras que le recuerdan su destino: su sacrificio como cordero en la cruz. Juan también testifica que Jesús es el Hijo de Dios. Luego relata, como prueba, su testimonio presencial de que el Espíritu de Dios descendió sobre Jesús y permaneció con él.
Viernes: Primeros seguidores de Jesús — Juan 1:35-51
Dos de los discípulos de Juan comenzaron a seguir a Jesús. Uno de ellos era Andrés. Andrés trajo a su hermano Pedro. Felipe se acercó a Jesús tras una llamada directa de Jesús. Felipe invitó entonces a Natanael. Natanael tenía muchos prejuicios que superar, pero tras un encuentro personal con Jesús, se convenció de que Jesús era el Hijo de Dios y el Rey de Israel.
Sábado: El Primer Milagro — Juan 2:1-12
En su libro Milagros, C.S. Lewis señala que cada milagro que Jesús realiza es un ejemplo de cómo hacer instantáneamente lo que tomaría mucho más tiempo, si es que fuera posible de forma natural. Jesús es capaz de vencer los elementos del tiempo, el crecimiento, la distancia e incluso la fermentación. En este, su primer milagro, demostró que incluso tenía la capacidad de manipular los procesos de la naturaleza: ¡pues el agua jamás puede fermentar y convertirse en vino!