El ministerio de Cristo en Galilea – Devocional diario – Lección 5

Domingo: La mano izquierda y la derecha — Mateo 6:1-4
No solo no debemos anunciar nuestros actos de caridad al mundo, sino que ni siquiera debemos dejar que nuestra mano izquierda sepa lo que ha hecho la derecha. Esto significa que no debemos llevar la cuenta ni anotar nuestras limosnas en un libro de contabilidad para luego volver a él y enorgullecernos de nuestras buenas obras. A algunos les cuesta hacer el bien sin ser reconocidos, pero es aún más difícil no felicitarse a sí mismos cuando han hecho algo bueno. Todo lo que hagamos, debemos esforzarnos por hacerlo bien como para el Señor, pero nunca trabajar para la autocomplacencia o la aprobación de los demás. Cuida de las cosas que son importantes para Dios; Él cuidará de ti.

Lunes: Oración discreta — Mateo 6:5-6
Estamos tan corrompidos por la naturaleza del pecado que nos persigue hasta la misma presencia de Dios. Puede que nos resulte inconcebible que nuestra manera de orar esté marcada por la iniquidad, pero es cierto. Incluso de rodillas, hablando con tono piadoso, podemos estar adorándonos a nosotros mismos en lugar de a Dios. Un golpe mortal a este orgullo religioso es orar en secreto, pues allí es imposible ser vistos por los demás. Si Él es el único que ve, ¿qué importa cuán espirituales parezcamos? Pero la oración discreta también nos permite ser auténticos. Podemos decirle cómo nos sentimos, porque Él ya lo sabe. Y le importamos.

Martes: Repeticiones vanas — Mateo 6:7-8
La verdadera oración se trata de conectar con Dios. Nos apartamos del mundo y, por fe, entramos en su majestuosa presencia. Cuando convertimos la oración en algo de fórmulas, intensidad, dramatismo, duración, elocuencia, o en algo que realizamos solo para cumplir con una lista, hemos perdido de vista lo esencial. La oración no se trata de impresionar a los demás, a nosotros mismos ni siquiera a Dios. Podemos llorar a gritos y golpearnos el pecho con dramatismo, o podemos susurrar nuestras palabras entre lágrimas, pero ninguna forma es más espiritual que otra. La oración no se trata de orar. La oración se trata de Dios. Se trata de estar en su presencia.

Miércoles: Padre Nuestro — Mateo 6:9-10
La oración más emblemática del Señor en la Biblia se encuentra en Juan 17. Pero su oración modelo se conoce como el Padre Nuestro, y es, con mucho, la más conocida de toda la Biblia. En ella se encuentran todos los aspectos importantes de la oración: acercarse a Dios con reverencia, santificar su nombre, implorar su soberanía sobre nuestras vidas y sobre toda la tierra, pedir por nuestras necesidades, buscar su amoroso perdón y misericordia, pedir su ayuda contra el poder del mal y volver a reconocer su soberanía y gloria.

Jueves: Orando por nuestras necesidades — Mateo 6:11-13
Jesús oró por las necesidades del hombre de manera completa y concisa. En estas peticiones se abarca al ser humano en su totalidad: cuerpo, alma y espíritu. Oramos por nuestro pan de cada día. Oramos por el perdón y reconocemos nuestra necesidad de perdonar. Oramos por la fortaleza de Dios para resistir la tentación, por su ayuda para librarnos del mal. Debe quedar claro que, en todo sentido, dependemos totalmente de Dios. Que debemos ser así cada día es evidente, pues solo debemos pedir nuestro pan de cada día. Quien ha recibido las bendiciones de Dios disfrutará de la culminación: «¡Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria!».

Viernes: El principio del perdón — Marcos 6:14-15
La amargura y la ira son un veneno mortal para el alma. No solo llenan nuestra mente de negatividad, sino que permiten que el peor tipo de estrés reine en nuestro interior. Peor aún, la falta de perdón nos deja en una posición terriblemente comprometida ante el Señor. La vida es devastadora sin su perdón y aceptación constantes.

Sábado: Ayuno discreto — Mateo 6:16-18
Con el ayuno, vemos una vez más lo fácil que es desviarse del camino y hacer algo beneficioso simplemente por la forma, o para aparentar espiritualidad. Si no debemos parecernos a los fariseos al ayunar, ¿acaso debemos esforzarnos por no ser como ellos? La verdadera justicia no se trata de intentar ser o no ser algo, pues no se trata de apariencias, sino únicamente de nuestra relación con Dios.