Domingo: Lujuria oculta — Mateo 5:27-28
Los fariseos y escribas habían reducido el significado de los santos mandamientos de Dios a aplicarlos solo a las acciones externas. Jesús enseñó claramente que quien tiene pecado en su corazón no necesita cometer actos pecaminosos para estar bajo la pena y destrucción del pecado. El Antiguo Testamento separó el pecado en dos categorías principales: transgresiones e iniquidades. Las transgresiones eran las acciones externas de pecado, mientras que la iniquidad se refería a las inclinaciones pecaminosas y las pasiones lujuriosas en el corazón. Para tener manos limpias y un corazón puro, debemos ocuparnos de ambos aspectos (Salmos 24:4), sin «enaltecer el alma» (naturaleza pecaminosa), ni «jurar con engaño» (pecados externos).
Lunes: Crucificando la carne — Mateo 5:29-30
Algunos han interpretado estos versículos literalmente, sugiriendo que mutilar el cuerpo físico produce santidad. Este análisis es erróneo, pues una persona puede estar espiritualmente perdida incluso sin manos ni vista. El significado de Jesús aquí se refiere a nuestra actitud hacia el pecado y las pasiones terrenales. No debemos alimentar nuestros deseos carnales (limitando aquello que nuestros ojos contemplan), ni podemos prestar nuestras manos a cometer pecado. Los que pertenecen a Cristo han crucificado la carne (Gálatas 5:24).
Martes: Una advertencia contra el divorcio — Mateo 5:31-32
Desde el principio, Dios favoreció el matrimonio, pero nunca el divorcio. Permitió el divorcio en situaciones limitadas, pero incluso entonces, la impureza que llevaba al divorcio debía ser establecida por dos testigos, y luego se debía emitir un acta de divorcio, que proclamaba libre al divorciado para que pudiera buscar un matrimonio legítimo con otra persona. Los líderes de Judá habían diluido la ley de Dios para conceder divorcios por capricho. Jesús vuelve a centrarse en el significado original del matrimonio: dos que se convierten en una sola carne. Solo para el adulterio (la ruptura total de la unión matrimonial) debía considerarse el divorcio.
Miércoles: El peligro de los votos — Mateo 5:33-37
La sociedad judía de la época de Jesús estaba plagada de tanto engaño que la simple palabra de un hombre no tenía valor alguno. Para convencer a los demás de que uno decía la verdad, los votos se habían vuelto comunes. Incluso entonces, algunos votos se consideraban vinculantes, mientras que otros no. Para un testimonio serio, existía una aplicación apropiada de los votos, pero Dios prohibió los votos dados en la conversación cotidiana. ¿Por qué son necesarios si todos hablamos con integridad? Que tu sí sea sí.
Jueves: Ojo por ojo — Mateo 5:38-42
La principal intención de incluir esto en la ley de Moisés era frenar la ira, la violencia y la venganza. El castigo por una falta cometida debe ser justo y no excesivo, el mandato de la verdadera justicia. Pero la enseñanza de estos versículos aborda en realidad nuestra actitud hacia nosotros mismos. ¿Estamos dispuestos a sacrificar nuestras vidas y posesiones por el bien de los demás, o somos defensivos y exigentes? ¿Buscamos primero lo nuestro o anteponemos el bienestar de los demás?
Viernes: Amar a nuestros enemigos — Mateo 5:43-45; Lucas 6:27-30
Jesús contradijo a los religiosos que enseñaban que debíamos amar a nuestro prójimo y odiar a nuestros enemigos. ¿Cómo amar a nuestros enemigos? No debemos reaccionar según cómo nos traten. Debemos tener amor y compasión genuinos, incluso por aquellos que nos maltratan. Debemos bendecirlos, hacerles el bien y orar por ellos.
Sábado: ¿Qué haces más que los demás? — Mateo 5:46-48; Lucas 6:31-36
El cristiano debe ser diferente. Debe ser «como Cristo». Debe perdonar lo que muchos consideran «imperdonable». Debe amar a aquellos considerados «indignos de amor». Debe tender la mano para ayudar a aquellos considerados completamente «indefensos». Hacemos esto no por aplausos ni reconocimiento, sino porque esto es lo que somos en Cristo. Él nos perdonó, nos liberó, nos transformó, nos renovó. Amamos porque Él nos amó primero. Somos creaciones perfectas en Cristo. Debemos ser como Él.