Domingo: El sueño de José — Mateo 1:18-25
En un sueño, un ángel le dijo a José que la condición de María no era obra de un hombre, sino del Espíritu Santo (v. 20). El Niño que María llevaba en su vientre era un Niño único, pues sería un Hijo al que José debía llamar Jesús, porque Él salvaría a su pueblo de sus pecados. José debió recordar las promesas de Dios de proveer salvación a través del Nuevo Pacto (Jeremías 31:31-37). El ángel, cuyo nombre no se menciona, también le dijo a José que esto estaba de acuerdo con el plan eterno de Dios, pues el profeta Isaías había declarado 700 años antes que la virgen concebiría (Mateo 1:23; Isaías 7:14). José, obedientemente, recibió a María en su casa.
Lunes: Nacimiento de Jesús — Lucas 2:1-7
El nacimiento de Jesús fue muy humilde. No había habitaciones de hotel para su nacimiento; vino al mundo entre el ganado; su primer lecho fue un pesebre. Su Padre celestial podría haberle proporcionado una suite de lujo, pero en cambio eligió las condiciones más precarias. Sin embargo, se humilló para llegar incluso a los más humildes de la sociedad. Sus primeros visitantes fueron humildes pastores; Él sería el Gran Pastor que un día daría su vida por las ovejas.
Martes: Serenata Celestial — Lucas 2:8-14
Los pastores fieles cuidan de sus rebaños y están especialmente atentos durante los partos. Dedican sus vidas a proteger y proveer para las ovejas. Pero a este grupo de pastores les llegó un anuncio tan grandioso del coro celestial que corrieron inmediatamente a un establo de Belén. El mundo corrupto de violencia y engaño quedó olvidado al oír el melodioso estribillo: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!» (v. 14). Dios podría haber llamado a soldados bien armados para proteger al Rey, pero escogió a hombres con corazón de pastor para que cuidaran del Cordero celestial, el Pastor de todos los pastores.
Miércoles: Pastores en Belén — Lucas 2:15-20
No era la intención del Padre Celestial mantener en secreto la noticia del nacimiento de su hijo, pero es evidente que Dios estaba principalmente interesado en informar a la gente común. Los pastores compartieron la historia por todas partes, pero su público principal no eran las autoridades civiles ni militares. Sus oyentes no eran reyes ni generales, sino gente maravillosa y corriente con vidas cotidianas. Jesús nunca dedicó mucho tiempo a intentar convencer a políticos y eruditos de la verdad; de hecho, fueron ellos quienes principalmente se opusieron a él. Por el contrario, María, la madre de Jesús, guardó silencio. Su labor como madre continuó más allá del embarazo y el parto, hasta los pies de la cruz de su hijo.
Jueves: Presentado en el Templo — Lucas 2:21-24
Ni María ni su hijo necesitaban estas purificaciones: ella era virgen y Él era el Santo. Sin embargo, si María no hubiera pasado por los días de purificación según la ley, no habría podido presentarse en el culto público del Altísimo. Habría sido considerada una apóstata de la fe del Israel de Dios; y si Jesús no hubiera sido circuncidado y presentado públicamente en el templo, no se le habría permitido entrar ni en la sinagoga ni en el templo, y ningún judío lo habría oído predicar ni habría tenido relación alguna con él.
Viernes: El anciano Simeón — Lucas 2:25-35
Sensible al Espíritu Santo, entra en el templo. Quizás pensaba en Malaquías 3:1: «El Señor, a quien vosotros buscáis, vendrá de repente a su templo». El alma de Simeón se deleitaba en este mensajero del pacto. La profecía estaba a punto de cumplirse; y el Espíritu Santo, que moraba en el alma de este hombre justo, lo impulsó a ir y ver su cumplimiento.
Sábado: Ana, la profetisa — Lucas 2:36-39
¿Qué crees que diría esta devota viuda que fue el momento más hermoso de su vida? ¡Nada se compara con ver a Jesús!