Domingo: Los fariseos buscan una señal — Mateo 16:1-4; Marcos 8:10-12
El dicho: «Cielo rojo por la mañana, aviso a los marineros; cielo rojo por la noche, alegría a los marineros», a menudo parece más acertado que los pronósticos meteorológicos actuales. Desde la antigüedad, pescadores y agricultores examinaban los cielos para predecir el tiempo. Los fariseos querían una señal similar como prueba de quién era Jesús. Buscaban algún milagro del cielo. Jesús les recordó que ya tenían indicios, pero que no podían interpretarlos. ¿Cuántas veces miramos directamente un mensaje de Dios, pero no vemos lo que Dios nos dice o nos pide porque estamos cegados por las distracciones del mundo? Deberíamos pedirle a Dios que abra nuestros ojos espirituales para que podamos ver.
Lunes: La levadura de los fariseos — Mateo 16:5-12; Marcos 8:13-21
En este pasaje, Jesús compara la enseñanza de los líderes religiosos con la levadura. A los discípulos les tomó un tiempo, pero finalmente comprendieron que se refería a asuntos espirituales. Jesús hizo mucho hincapié en discernir entre las tradiciones de los hombres, los principios del mundo y la Palabra de Dios (Colosenses 2:9). Su deseo era que sus seguidores reconocieran la falsa doctrina y discernieran la verdad. El principal criterio para medir la verdad es la Palabra de Dios. Necesitamos estudiar y conocer la Palabra de Dios para no ser engañados por una presentación incompleta de la misma.
Martes: ¡Vosotros, los de poca fe! — Mateo 16:5-12; Marcos 8:13-21
Los discípulos, distraídos por el hambre, malinterpretaron las palabras de Jesús. Pensaron que se refería a su situación material (el hambre). Él les recordó que podía resolver fácilmente ese problema, como lo había hecho con la multitud al alimentar a los 5000 y luego a los 4000. Jesús los reprendió por su falta de fe: habían visto los milagros, pero se preocupaban por su próxima comida. Debemos creer no solo que Dios «puede», sino también que «hará» la obra.
Miércoles: El ciego de Betsaida — Marcos 8:22-26
Este pasaje nos muestra que Jesús se preocupa por nuestro sufrimiento material. Con un simple toque divino, la ceguera de un hombre fue sanada, lo que nos lleva a la verdad de que Jesús tiene el poder de restaurar la ceguera, tanto física como espiritual. La ciudad de Betsaida fue condenada por su incredulidad (Mateo 11:21-24). Jesús se lleva al ciego y le devuelve la vista fuera de la ciudad para que no se les diera ninguna otra señal de su señorío. Al hombre sanado se le indica que regrese a casa sin pasar de nuevo por Betsaida.
Jueves: Pedro proclama al Mesías — Mateo 16:13-20; Marcos 8:27-30; Lucas 9:18-21
La confesión de Pedro de que Jesús era el Mesías encierra multitud de lecciones para nosotros: el reconocimiento de la divinidad de Jesús; la revelación de que Jesús es el Salvador; la autoridad de Cristo; Jesús como fundamento espiritual; y las promesas de bendiciones y autoridad para todos los que creen.
Viernes: Predicción de la muerte de Cristo — Mateo 16:21-28; Marcos 8:31-37; Lucas 9:22-25
En un instante, Pedro es una roca, compartiendo la revelación de que Jesús es el Cristo. Al siguiente, Pedro es un obstáculo, reprendiendo a Jesús por predecir su rechazo y muerte. ¡Qué difícil nos resulta comprender la voluntad divina! Dios revela su voluntad al hombre de mente espiritual, pero aun así, seguimos viendo como en un espejo empañado. Debemos permitir que Dios dirija nuestras vidas y confiar en Él.
Sábado: Predicción de la Segunda Venida — Mateo 16:27-28; Marcos 8:38-9:1; Lucas 9:26-27
Tras revelar su muerte inminente, Jesús no dejó a sus discípulos con la sensación de abandono. En cambio, les compartió la esperanza de su regreso inminente. Esta sigue siendo nuestra esperanza: mientras luchamos contra el reinado del pecado y, victoriosamente vencidos por su poder, esperamos con gozosa esperanza su regreso.