Domingo: Lázaro — Juan 11:1-16
María y Marta enviaron un mensaje a Jesús para informarle que su hermano estaba enfermo. Es interesante notar que no le exigieron nada; dejaron la situación completamente en sus manos para que hiciera lo que Él quisiera. El viaje desde Betania, donde vivían las hermanas, hasta donde estaba Jesús tomó aproximadamente un día. Por lo tanto, cuando llegó el mensaje, Lázaro ya había muerto. Jesús esperó dos días más antes de viajar a Betania. Jesús podría haber sanado a Lázaro a distancia, o incluso haber prevenido la enfermedad, pero decidió no hacerlo. Vio la situación como una oportunidad para glorificar a Dios.
Lunes: La Resurrección y la Vida — Juan 11:17-27
Aunque Marta no comprendía del todo el propósito de Jesús, tenía una fe genuina en que Él podía sanar a Lázaro. Jesús le dijo que su hermano resucitaría, pero ella seguía sin entenderlo. Interpretó el comentario de Jesús como algo que ocurriría en el futuro. Jesús respondió desafiándola a una fe más profunda al afirmar que Él es la Resurrección y la Vida. Señaló que no solo es quien da la vida, sino que Él es la vida misma. Marta aceptó el desafío y declaró inequívocamente que Jesús es el Señor, el Cristo y el Hijo de Dios.
Martes: Jesús y la muerte, el último enemigo — Juan 11:28-37
Cuando Jesús se enfrenta al llanto de María y a preguntas similares, tiene una reacción diferente a la que tuvo con Marta. En realidad, está enojado y agitado. La palabra «gimió» proviene de la palabra griega «embrimaomai», que significa resoplar, como lo hace un animal. Y la palabra griega para «angustiado», «tarasso», significa literalmente estar enojado en espíritu. La ira de Jesús se encendió por el lamento de María y sus amigas ante la experiencia de la muerte. La muerte es un enemigo y Satanás usa nuestro miedo a la muerte como arma. Este conocimiento enfureció a Jesús.
Miércoles: Resucitado de entre los muertos — Juan 11:38-44
Al principio del pasaje, Marta declaró su profunda fe en Jesús. Pero en el último momento, su fe flaqueó. Comentó que Lázaro llevaba cuatro días muerto y que seguramente su cuerpo olería mal. Jesús le recordó el mensaje que le había enviado tres días antes. La exhortó a creer. Jesús reconoció que la fe en las promesas de Dios libera el poder de Dios y revela su gloria.
Jueves: Decisión sobre la muerte — Juan 11:45-54
Muchos fueron testigos del milagro que Jesús realizó al resucitar a Lázaro. Muchos de los que lo presenciaron creyeron en el Señor. Pero la reacción del pueblo estaba dividida. Algunos se marcharon inmediatamente y contaron a los fariseos lo que habían visto. Basándose en las pruebas acumuladas, los fariseos tomaron una decisión: ¡Jesús debía morir!
Viernes: Sanación de diez leprosos — Lucas 17:11-19.
Clamaron pidiendo ayuda, llamándolo «maestro», lo que demostró que sabían quién era y el poder que tenía. Jesús les indicó que fueran a presentarse ante los sacerdotes. En ese momento aún no estaban sanados, así que la instrucción de Jesús requería un acto de fe de su parte. Cuando uno de ellos notó que estaba sano, regresó, se postró a los pies de Jesús y lo alabó.
Sábado: La venida del Hijo del Hombre — Lucas 17:20-37
En este pasaje, Jesús comienza respondiendo a la pregunta de los fariseos sobre cuándo vendrá el Reino de Dios. Luego, les dio instrucciones a sus discípulos acerca del Reino venidero. Les exhortó a no preocuparse demasiado por su regreso ni por las preocupaciones del mundo que los rodeaba. Quizás no sepamos cuándo volverá el Hijo del Hombre, pero cuando lo haga, no habrá duda, y debemos estar preparados.