Los primeros años del Mesías – Devocional diario – Lección 10

Domingo: El primer llamado de los cuatro — Mateo 4:18-22; Marcos 1:16-20
Era común que un rabino tuviera discípulos. Eran, en esencia, estudiantes de un maestro. Esto les proporcionaba tanto educación como aprendizaje. Los primeros cuatro discípulos eran hombres comunes. No tenían credenciales religiosas especiales. Jesús los había conocido antes. Uno de ellos, Andrés, como discípulo de Juan, había sido fundamental para que los demás fueran a escuchar a Jesús. Cuando Jesús los llamó, inmediatamente dejaron sus trabajos para seguirlo. Este es un gran ejemplo para nosotros. Cuando Jesús llama, no debemos dudar ni cuestionar.

Lunes: La Sinagoga y el Endemoniado — Marcos 1:21-28; Lucas 4:31-37
Un servicio en la Sinagoga comenzó con oración, luego alabanza, una primera y segunda lectura del Antiguo Testamento, y luego la enseñanza de un “invitado erudito”. En esta visita a la Sinagoga de Cafarnaúm, Jesús era el “invitado erudito”. La gente quedó asombrada por la presentación de Jesús porque era audaz. Enseñaba como alguien con autoridad porque realmente la tenía. No citaba a ningún hombre, sino que compartía directamente lo que Dios tenía que decir. Un ejemplo de la autoridad que tenía Jesús es su capacidad para mandar a un demonio. El demonio sabía quién era Jesús y reconocía el poder que tenía. Cuando Jesús ejerció ese poder y autoridad y le ordenó al demonio que se fuera, este se fue.

Martes: La suegra de Pedro — Mateo 8:4-17; Marcos 1:29-34; Lucas 4:38-41
Lo que sufría la suegra de Pedro era probablemente lo que el Talmud llama una «fiebre ardiente», típica de esa región de Galilea. El Talmud detalla una prescripción mística para curar la fiebre ardiente, que implica un cuchillo de hierro, un cordón de papiro, un arbusto de espinos y la cita de Éxodo 3:2-5 durante 3 días. Jesús no necesitó usar la sanación ritual. Sanó a la suegra de Pedro con un simple toque y el ejercicio de su autoridad.

Miércoles: Un recorrido por Galilea — Mateo 4:23-24; Marcos 1:35-39; Lucas 4:42-44
Jesús no se quedó en una sola ciudad. Recorrió toda la región predicando, enseñando y sanando. Estos tres elementos clave del ministerio de Jesús proclamaron las buenas nuevas del reino de Dios a la gente. Les enseñó a seguir a Dios en obediencia y atendió sus necesidades. En nuestras ajetreadas vidas, debemos recordar que estos tres elementos son fundamentales para que también nos enfoquemos en ellos.

Jueves: El segundo llamado de los cuatro — Lucas 5:1-11
El primer llamado de Jesús es a la salvación, pero el segundo es al discipulado. Cuando Jesús llamó por primera vez a sus discípulos, lo siguieron de inmediato, aceptando que Él era el Mesías prometido. Pero este pasaje dice que volvieron a sus trabajos. Jesús los llamó una vez más y les dijo que les enseñaría a ser pescadores de hombres. En ese momento, lo dejaron todo y se comprometieron por completo a seguir a Jesús.

Viernes: La curación de un leproso — Mateo 4:23-24; Marcos 1:40-45; Lucas 5:12-16
Los leprosos eran despreciados y marginados. Muchos veían su enfermedad como un castigo divino. Los rabinos creían que cualquiera que tocara a un leproso se volvería impuro. Cuando el leproso le pidió a Jesús que lo sanara, Jesús escuchó su súplica y respondió con gusto. En lugar de sentir repulsión por la aflicción del hombre, Jesús tuvo compasión. Lo tocó y la lepra se curó de inmediato.

Sábado: El paralítico — Mateo 9:1-8; Marcos 2:1-12; Lucas 5:17-26
Cuando los hombres llevaron a su amigo paralítico ante Jesús, se encontraron con varios problemas. Primero, había demasiada gente para que pudieran pasar a su amigo por la puerta. Sin embargo, no se detuvieron. En cambio, subieron al hombre al tejado y lo bajaron por él. Su perseverancia fortaleció su fe y Jesús los recompensó.