El ministerio de Cristo continúa en Galilea – Devocional diario – Lección 10

Domingo: El redil — Juan 10:1-4
En tiempos de Jesús, existían varios tipos de rediles. El que se menciona en este pasaje tenía una puerta, por lo que probablemente también estaba rodeado por un muro de piedra cubierto de espinos, y se ubicaba en el patio delantero de una casa. El redil solía albergar varios rebaños, y cada pastor llamaba a su rebaño, que solo respondía a su llamado. Si un extraño intentaba llevarse las ovejas, estas no lo seguían.

Lunes: Jesús, la Puerta — Juan 10:4-10
Jesús explica que Él es como la puerta del redil. Si alguien viene a intentar llevarse las ovejas, primero tiene que pasar por Jesús. De esta manera, Jesús se compara con un protector, libertador y salvador. Asimismo, cualquier oveja que entre o salga del redil, tiene que pasar por Él. Jesús alude al hecho de que Él es el único medio de entrada al Reino de Dios. Él es la Puerta por la cual sus ovejas pueden encontrar sustento, protección y descanso eterno.

Martes: Jesús, el Buen Pastor — Juan 10:11-18
Además de compararse con la Puerta, Jesús también se refiere a sí mismo como el Buen Pastor. El Buen Pastor está dispuesto a dar su vida por sus ovejas. Jesús habla específicamente de su muerte. En sentido literal, la muerte del pastor habría significado un peligro inminente o incluso la muerte para las ovejas. Pero en sentido espiritual, la muerte de nuestro Buen Pastor trajo vida a sus ovejas. En contraste, Jesús dijo que había un ladrón cuyo único propósito es robar, matar y destruir a las ovejas. El Buen Pastor trae vida y unidad al rebaño. Donde antes había varios rebaños en el redil, el Buen Pastor los hace suyos. Esto se refiere directamente a que el ministerio de Jesús fue tanto para judíos como para gentiles, y que su don de salvación es un don para todos.

Miércoles: La respuesta de los líderes judíos — Juan 10:19-21
Los líderes judíos no comprendieron lo que Jesús intentaba decir. Estaban divididos sobre qué hacer con este hombre llamado Jesús. El relato de Juan enfatiza que la muerte de Jesús se acercaba. Pronto sería el fin de su ministerio público. Se desarrollaban los últimos momentos y cada persona debía tomar partido: ¿Era Jesús quien decía ser? ¿Tenía poder y autoridad otorgados por Dios? ¿Era el Mesías y el Hijo de Dios? ¿O era simplemente un hombre común?

Jueves: Jesús, el Mesías — Juan 10:22-31
Las autoridades judías se reunieron alrededor de Jesús y le pidieron que les dijera claramente: «¿Eres tú el Cristo?». Jesús respondió que ya se lo había dicho, pero que no le habían creído porque no eran sus ovejas y no reconocían su voz. Ahora el énfasis cambia ligeramente. Jesús dice que su rebaño no solo está en sus manos, sino también en las de su Padre, porque Jesús y su Padre son uno.

Viernes: Jesús, el Hijo de Dios — Juan 10:32-39
En el Salmo 82:6, el Antiguo Testamento se refiere a los jueces como dioses porque eran instrumentos de la palabra de Dios. Sin embargo, Jesús era la Palabra hecha carne. Dios lo santificó y lo envió al mundo para redimirlo.

Sábado: Muchos creen — Juan 10:40-42
Jesús partió hacia Betania, donde Juan el Bautista había predicado. La multitud recordaba los testimonios de Juan. Recordaban sus palabras proféticas: que alguien que vendría después tendría sandalias que él no sería digno de atar. A diferencia de los líderes judíos de Jerusalén, la gente de aquí tenía fe, confiaba y creía.