El ministerio de Cristo en Galilea – Devocional diario – Lección 1

Domingo: Una noche de preparación — Marcos 3:13; Lucas 6:12
La entusiasta respuesta de la multitud a la enseñanza y sanación ungida de Jesús (Marcos 3:7-12) lo impulsó a retirarse a una montaña para pasar una noche a solas orando al Padre (algo que hacía con frecuencia, Marcos 1:35; Lucas 4:42; 5:16). La oración definía la persona y el ministerio de Cristo, y entre sus oraciones enseñaba y obraba milagros. Para las exigencias del ministerio, se necesitaban más voces y manos para llevar a cabo la obra de Dios. La elección de Jesús era vital para el éxito. A la mañana siguiente, reunió a sus fieles seguidores para seleccionar y comisionar a los hombres que serían sus colaboradores más cercanos en el ministerio.

Lunes: La comisión de los Doce — Marcos 3:14-19; Lucas 6:13-16
Ninguno de los hombres comisionados como apóstoles de Jesús era perfecto: cada uno tenía defectos, pues cada uno era hombre. El nombramiento de doce sigue el número divino de la administración espiritual de Dios: los doce hijos de Jacob, las doce tribus de Israel. De hecho, el número doce aparece a lo largo de la Biblia. Seleccionar a los hombres adecuados era esencial, y su conducta en el ministerio era importante para llevar a cabo la obra, una obra que requería no solo su fiel compromiso, sino también una unción divina de poder. Marcos enumera cuatro tareas importantes: estarían con Cristo (ministrándole), predicarían el evangelio, sanarían a los enfermos y expulsarían demonios. Se les llamó apóstoles, ya que fueron enviados como mensajeros con autoridad delegada.

Martes: Comienza el sermón — Mateo 5:1-2; Lucas 6:17-19.
Enseñar y capacitar a discípulos para el ministerio es tan esencial para la obra de Dios como la predicación y la sanación. Jesús vio que la necesidad de las multitudes era tan grande que debía preparar a otros para realizar la obra. El Señor se aparta de la multitud para dar las verdades fundamentales del Reino de Dios a sus fieles seguidores, multiplicando así su capacidad para alcanzar a más personas.

Miércoles: Pobres de espíritu — Mateo 5:3; Lucas 6:20
La palabra griega que Jesús usó aquí, «ptoochos», se refiere a aquel que es pobre e incapaz de satisfacer sus propias necesidades. Es como un mendigo; su ayuda y liberación deben venir de fuera. El diagnóstico preciso de Dios sobre la condición espiritual del hombre es que está vacío, pobre e indefenso. No podemos alcanzar nuestra propia salvación ni recibirla de aquellos que se encuentran en la misma condición. Nuestra ayuda debe venir de Alguien superior. Solo Dios puede salvarnos.

Jueves: Los que lloran — Mateo 5:4; Lucas 6:21
La persona verdaderamente espiritual es aquella que examina su vida y se ve abrumada por las actitudes pecaminosas que aún persisten en ella. La ira, la lujuria, la envidia, el orgullo, la amargura, la falta de fe y muchas otras actitudes de la vieja naturaleza compiten constantemente por ocupar un lugar destacado en nuestras vidas. Pablo exclamó: «¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?» (Romanos 7:24). Nos lamentamos por nuestro pecado, ¡pero Dios es nuestro Libertador! (Romanos 7:25).

Viernes: Los Mansos — Mateo 5:5 ¡
La mansedumbre no es debilidad! Es mucho más que ser apacible o tranquilo. La mansedumbre es una visión auténtica de uno mismo, que se expresa en una actitud y conducta apropiadas hacia los demás. Un hombre manso es aquel que carece de orgullo, autopromoción o prepotencia. No exige nada para sí mismo, ni posición, ni privilegio, ni posesiones, ni estatus en la vida. El hombre manso es aquel que no se defiende, pues comprende que no hay nada en sí mismo que merezca ser defendido. Es gentil, humilde y de espíritu tranquilo.

Sábado: Los que tienen hambre — Mateo 5:6; Lucas 6:21
La mayoría de las personas tienen hambre y sed de bienaventuranza y una vida feliz. Las personas verdaderamente espirituales son bienaventuradas y felices porque buscan la justicia. ¡Este principio debería ser proclamado como la gran carta fundacional para toda alma que busca! Piénsalo… ¿Quién puede ser bienaventurado o feliz si nunca se aborda la causa de la infelicidad?