Texto bíblico: Efesios 4:1-6
Versículo para memorizar: No maldecir a nadie, ser pacíficos, amables, mostrando toda humildad para con todos los hombres. Tito 3:2
Objetivo de la lección: Explicar el verdadero significado de la mansedumbre y sus características.
A diferencia del antiguo Cercano Oriente y el mundo grecorromano, la cultura occidental del siglo XXIno considera la mansedumbre una virtud. Este drástico cambio de valores plantea un problema para la traducción bíblica contemporánea. Algunas versiones modernas de la Biblia reemplazan el sustantivo «mansedumbre» por «gentileza» o «humildad».
El significado de la palabra "manso" es muy malinterpretado. Muchos piensan que una persona mansa es débil, incapaz de defenderse a sí misma ni a nadie. A algunos perezosos se les considera mansos cuando en realidad son perezosos. A muchas personas que buscan la paz a cualquier precio, que prefieren ceder en sus convicciones antes que tomar una postura, se les llama "mansos". Sin embargo, ninguna de estas describe la mansedumbre de la que habló Jesús.
Muchos simplemente asumen que la mansedumbre es debilidad y no una virtud. Sin embargo, la mansedumbre se asocia más con empoderamiento que con debilidad, ya que implica autocontrol. Cuando nos domina la ira, perdemos esa noción de nosotros mismos que permite que Dios more en nosotros. La ira excluye a Dios; la mansedumbre invita a su presencia.
Dado que la mansedumbre es autocontrol ante la adversidad, permite hacer el bien en respuesta al mal. La mansedumbre no es cobardía ni timidez. Es el poder que frena el ataque de la ira y lo somete al orden de la razón. Si bien puede ser más natural expresar ira cuando uno es atacado, la mansedumbre es el camino superior. Impide que el mal domine por completo a la persona que ya sufre bastante por el mal. La mansedumbre evita que este sufrimiento afecte negativamente el alma.
Un desencadenante común de la mansedumbre es el conflicto en el que una persona es incapaz de controlar o influir en las circunstancias. Las reacciones humanas típicas en tales circunstancias incluyen frustración, amargura o ira, pero quien se deja guiar por el Espíritu de Dios acepta la capacidad de Dios para dirigir los acontecimientos. La mansedumbre no es resignación al destino, ni sumisión pasiva y reticente a los acontecimientos, pues tal respuesta tiene poca virtud.
La paciencia y la esperanza ante circunstancias indeseables identifican a la persona como vulnerable y débil externamente, pero resiliente y fuerte por dentro. La mansedumbre no identifica a los débiles, sino más precisamente a los fuertes que han sido colocados en una posición de debilidad donde perseveran sin rendirse. El uso de la palabra griega aplicada a los animales lo deja claro, pues significa "domesticar" cuando se aplica a los animales salvajes.
En otras palabras, estos animales no han perdido su fuerza, sino que han aprendido a controlar los instintos destructivos que les impiden vivir en armonía con los demás. Así, un cristiano manso ha aprendido, mediante el poder del Espíritu Santo, a controlar los instintos destructivos naturales que son comunes al ser humano.
Interactúa con la Palabra de Dios
- Un diccionario define la mansedumbre como «una deficiencia del espíritu», pero ¿cómo la clasifica Dios? Gálatas 5:22-23
- ¿Qué atributos son necesarios para vivir dignamente ante Dios? Efesios 4:1-3
- ¿Qué promesas se hacen a los mansos? Mateo 5:5; Isaías 66:1-2; Salmo 22:26; 25:9; 37:11
- ¿Cuáles son algunas descripciones de una persona mansa?
- ¿Qué evidencia tenemos de que la mansedumbre no es debilidad? Juan 2:15-16
- ¿Qué podemos hacer para alcanzar la mansedumbre? Sofonías 2:3; 1 Timoteo 6:11; Colosenses 3:12
- Jesús es nuestro principal ejemplo de mansedumbre. Identifica cómo se caracteriza su mansedumbre en los siguientes pasajes bíblicos: Mateo 11:29; 21:5; Isaías 53:1-9