Domingo – Humillación y Paliza: Mateo 27:27-30; Marcos 15:16-19.
Con sus actos de burla, exaltando a Cristo e inclinándose en falsa adoración ante Él, los soldados romanos intentaban avergonzarlo como parte del ritual de la crucifixión. Sin embargo, podría argumentarse que Jesús no pudo haberse sentido realmente humillado, puesto que ya se había humillado hasta la condenación de muerte. ¿Acaso no había entregado ya su vida en espíritu, humillándose hasta la misión suprema de morir por los pecados del mundo? ¿Acaso no había dado ya lo que ahora intentaban quitarle? Sin embargo, para cumplir cada fase de la muerte profetizada acerca del Mesías, Jesús se sometió plenamente a la brutalidad humana.
Lunes – Camino amargo, bebida amarga: Mateo 27:31-34; Marcos 15:20-23; Lucas 23:26-32; Juan 19:17
Era costumbre que un criminal condenado llevara su cruz desde la sala del juicio hasta el lugar de ejecución, mientras portaba un cartel que anunciaba su crimen. Pilato insistió en que el cartel de Jesús lo proclamara el “Rey de los judíos”. En Juan, parece que Jesús comenzó el viaje bajo el peso de la viga, pero tal vez demasiado débil para completar la tarea, Simón de Cirene se ve obligado a cargar la pesada cruz por Él. En el camino, la voz de misericordia de Cristo clama a las mujeres que lloran por Él, y con previsión del asedio de Jerusalén, las obliga a llorar por sí mismas por las dificultades que pronto sufrirán. En el Gólgota, la única bebida que se le ofreció a Jesús fue vinagre, que Él rechazó.
Martes – La inscripción y las vestiduras: Mateo 27:35-37; Marcos 15:24-26; Lucas 23:33-34, 38; Juan 19:18-24
Jesús fue crucificado en el centro, expuesto entre los dos ladrones (Isaías 53:12). Un acontecimiento notable fue la distribución específica de las vestiduras del Mesías y el sorteo de su túnica, un cumplimiento específico de la profecía (Salmos 22:8). Igualmente significativo fue el letrero en la cruz de Jesús que lo proclamaba «Rey de los judíos». A pesar de la queja de los sumos sacerdotes y su exigencia de que Pilato alterara la inscripción, él se negó a hacerlo.
Miércoles – Dos ladrones: Mateo 27:38; Marcos 15:27-28; Lucas 23:39-43.
Se habla muy poco de los dos criminales crucificados con Jesús. Sin embargo, el evangelio de Lucas incluye uno de los encuentros de misericordia y gracia más dramáticos y profundos de toda la Biblia. Es evidente que uno de estos hombres estaba convencido de que Jesús era el Mesías y que su muerte sería temporal. La respuesta de Jesús nos llena de asombro, pues le concedería la vida eterna a pesar de la vida pecaminosa que había llevado.
Jueves – Abandonado por nosotros: Mateo 27:39-49; Marcos 15:29-36; Lucas 23:35-37, 44-45
Fue en medio de las burlas, blasfemias y mofas de casi todos los presentes en el Gólgota, que Jesús sufrió el tormento agonizante de la cruz. Pero ni una sola vez clamó por misericordia ni imploró alivio del dolor abrasador. Pero cuando el Padre retiró su presencia divina de su Hijo, el clamor: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mateo 27:46) brotó de los labios de Jesús. Este fue el peor rechazo, pero uno necesario para que Cristo cargara con los pecados de todos nosotros.
Viernes – “¡Consumado es!”: Mateo 27:50-54; Marcos 15:37-39; Lucas 23:46-48; Juan 19:28-30.
Clamando a gran voz, Jesús “envió” su vida (aliento). Muchos murieron, pero solo Cristo “entregó” su espíritu. Significativamente, el mediodía había estado oscurecido durante tres horas, pero ahora todo era oscuridad total, un poderoso terremoto sacudió el lugar, el velo que cubría el Lugar Santísimo se rasgó en dos, los santos muertos resucitaron para ser vistos en Jerusalén, ¡y los soldados romanos en el Gólgota proclamaron a Jesucristo como el verdadero Hijo de Dios!
Sábado – La Madre de Jesús y las otras mujeres: Mateo 27:55-56; Marcos 15:40-41; Lucas 23:49; Juan 19:25-27.
¿Cuán profundo era el amor de estas mujeres, dispuestas a presenciar la brutalidad y la humillación infligidas a Jesús? Fieles, habían seguido y apoyado su ministerio, sirviendo al Señor y a sus discípulos. ¿Dónde estaban ahora los demás seguidores de Jesús? Consciente de su presencia constante, Jesús encomendó el cuidado de su madre a Juan, su discípulo más cercano y el único que asistió a la crucifixión.