Texto bíblico: Proverbios 4:20-24
Versículo para memorizar: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” 1 Pedro 2:24
Objetivo de la lección : Informarnos que Dios ha hecho provisión para que los creyentes caminen en salud divina.
La salud divina (ese estado en el que uno no busca siempre la sanidad, sino que goza de salud, libre de enfermedades y capaz de contrarrestar con éxito los ataques del enemigo) es la provisión de Dios para todo el cuerpo de Cristo. Mediante la redención adquirida por Jesús el Mesías en el Calvario, Dios ha provisto para que cada creyente viva en salud divina.
Nunca ha sido la voluntad de Dios que su pueblo estuviera atado y oprimido por enfermedades. Él les dijo a los hijos de Israel que podrían tener una liberación sobrenatural de la enfermedad si andaban con rectitud delante de Él (Deuteronomio 7:14-15). Dios nos ha extendido la misma promesa y provisión en el Nuevo Pacto, cimentándola firmemente en nuestra redención comprada con sangre.
Todo cristiano tiene el derecho, según el pacto, de vivir su vida en esta tierra libre de enfermedades. Aunque esto no significa que nunca moriremos (la muerte es el último enemigo que Cristo venció [1 Corintios 15:25-26]), sí significa que podemos vivir libres de enfermedades mientras estemos en este cuerpo mortal.
Desafortunadamente, muchos cristianos sufren hoy a causa de la enfermedad, sin aprovechar la salud divina que les corresponde por derecho. Pero eso no cambia la realidad de lo que Él ha hecho. La salvación y el perdón han sido adquiridos para todos los hombres y se ofrecen a todos. Sin embargo, muchos, ya sea por ignorancia, incredulidad o rebelión, no reciben el perdón que se les ofrece tan libremente. Lo mismo ocurre con la sanidad.
El deseo de Dios es que su pueblo viva libre de enfermedades. Él compró nuestra sanidad en la cruz y nos dio numerosas maneras de recibirla. Si caminamos con rectitud ante él y no permitimos que ningún obstáculo nos impida la sanidad, entonces podremos vivir en la salud perfecta que se nos ha dado.
Para vivir en salud divina, el creyente debe hacer ciertas cosas. Nadie recibirá nada del Señor sin cierta diligencia. La pereza no es la manera de recibir del Señor. Hay ciertas leyes naturales que no se pueden ignorar si se desea mantener la salud divina. Dios no bendecirá la ignorancia ni tolerará la estupidez. Pero si el creyente obedece la Palabra de Dios y cumple los criterios que ella establece, podrá vivir en salud divina, frustrando con éxito los intentos del enemigo de infligirle enfermedades.
Interactúa con la Palabra de Dios:
- ¿Qué es la “salud divina”? ¿Cuál es la receta de Dios para mantener una vida de salud divina? Proverbios 4:20-24; Éxodo 15:26
- ¿Qué se necesita para vivir en salud divina? Efesios 1:18-20; Romanos 10:17; 12:2; Santiago 3:10-12
- Si una persona maltrata su cuerpo por negligencia y exceso de trabajo, mientras cree en la salud divina, ¿realmente se aferra a la Palabra de Dios? ¿Por qué sí o por qué no? Analicen.
- ¿Qué provisiones ha hecho Dios para que cada creyente viva en salud divina? Isaías 53:5; 1 Pedro 2:24; Salmo 103:3, 5
- ¿Cómo se nos instruye a cuidar adecuadamente nuestro cuerpo? ¿Le estás robando la gloria a Dios al no cuidar tu templo? 1 Corintios 6:19-20; Romanos 12:1; Levítico 11:2-9, 44