Por tanto, tomen toda la armadura de Dios para que puedan resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, mantenerse firmes. Manténganse firmes, ceñidos sus lomos con la verdad, vestidos con la coraza de justicia y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz; sobre todo, tomen el escudo de la fe con el cual podrán apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomen el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando siempre con toda oración y súplica en el Espíritu, velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos. (Efesios 6:13-18 NVI)